sábado, 14 de enero de 2017

Maniquimeras

Mi cuerpo ya no es mío.
Es de las miradas
Envenenadas por los prejuicios.
Es de las categorías,
De las tallas,
De la lucha por llegar del primer agujero del cinturón al último.
De un cinturón que aprieta,
Que hace de soga en mi cuello.
De los centímetros que sobran
Para separar un muslo de otro.

Mi cuerpo ya no es mío.
Es de las comparaciones,
Es del miedo,
De los patrones,
Es frágil.
Es de la sucia sociedad 
Y de sus condiciones.
De A o B, pero de C ya no.
De los cánones,
De las masas,
De los que insisten en unificar
Y tipificar
Y prostituir la belleza.

A mi cuerpo lo fusilaron 
Los mismos que lo criticaron,
Porque no era como a ellos les gusta.
Porque así podían hacerlo un poco suyo.
Lo fusilaron porque no era del bando correcto.
Y estos son los restos.


sábado, 30 de abril de 2016

A veces

           


A veces añoro una mirada
Que a pocos centímetros de la mía,
Altere los latidos de mi corazón.
A veces, añoro una mirada 
A pocos centímetros de la mía.

A veces imagino unos labios
Que eclipsan los míos,
Me cierran los párpados
Y se llevan mi aliento.
A veces, una sonrisa inaudible
Que me dice justo lo que quiero escuchar.

A veces el abrazo cálido 
De unos brazos que me esperan.
El tacto suave de unos dedos 
Que bordean mi silueta, 
Y me acarician los lunares.

Otras, me acuerdo de los días 
en los que sentía la primavera florecer dentro de mí.

Ahora me deshoja el otoño,
Y no me molesta este viento,
Pero al final, yo soy de las que creen
Que se puede morir de amor.

viernes, 9 de octubre de 2015

Éranse dos veces...


Sueña y mece su figura incandescente
al ritmo de una respiración tranquila.
Ella es la inquietud de un niño,
La curiosidad que mató al gato,
Una leona porque destaca, ataca, lucha y protege.
Tiene esa armadura que se empeña en dejar caer sobre su cuerpo, 
Para evitar que nada le haga caer a ella.
Y luego ese corazón adolescente y febril
que se vuelve loco por una historia de amor apasionada,
Y que llora con los finales inesperados.
No lo sabe todavía,
Pero su luz hará que el sol la envidie.
No pierde el tiempo con quien no sabe volar,
Y, sin embargo, ella siempre retrasa su vuelo.
Es mi fuente de sabiduría,
Mi Faro de Alejandría.
Ella, es mi madre

Metamorfosis

Cuando te pese la rutina 
y la cotidianidad te aburra,
no te conformes, 
no lo aceptes. 
Baila con el giro. 

Cuando ya no te seduzca lo de siempre, deshazte de esa palabra. 
Saluda a lo de hoy, 
y a lo de mañana, 
y asegúrate de que cada día, 
sea un capítulo diferente de tu vida. 

Cuando tu alrededor 
te perfore las heridas 
con los recuerdos, 
sonríe y ciérralas del todo. 
Porque si pudiéramos retroceder, 
no avanzaríamos. 

Cuando sientas que el riesgo 
es un peligro, 
juega. 
Pero sobre todo juégatela. 
Aprende a fluir con la posibilidad, 
a ser consciente de tus errores, 
para no volver a cometerlos, 
y ábrele la puerta a la metamorfosis. Porque aunque Kafka 
reflejó esa palabra 
en una cucaracha, 
tú solo vas a liberar tus alas.

jueves, 8 de octubre de 2015

Mousai

Pensé que la había metido en una de mis maletas, 
y segura de ello,
la he buscado en cada rincón de mi nueva ciudad. 
Cabrona, qué buena es jugando al escondite. 
Sin embargo, hoy he visto su reflejo fugaz en un charco, 
y me ha parecido oír su risa deslizarse 
por el toldo de enfrente,
y hacer del chispeo un chaparrón. 

He salido al balcón, 
y al intentar gritar su nombre, 
ha dejado de mojar las calles con su llanto. 
Suspirando y moviendo la cabeza 
como quien afronta una derrota evidente e inminente, 
he vuelto a entrar en mi cama. 
Sin dejar de mirar por la ventana, 
por si acaso. 
A punto de darme por vencida 
me la he encontrado en mi libreta, 
bailando con mis bolígrafos, 
con cara de: "¿a qué esperas?" 

He cogido el cazamusas, 
y la he atrapado. 
Por fin vistes de negro mis páginas, 
y no mi cielo. 
Por fin la tormenta es ahí fuera, 
y no aquí dentro. 
Por fin las palabras 
no están mermadas por tu ausencia. 
Por fin te conviertes en tinta, 
y dejas de hacer tanto la tonta.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Puedo y no quiero

Puedo cerrar los ojos
e ignorar que existes,
Pero no quiero vivir a oscuras.
Puedo fingir que mis cicatrices
no son un búnker de recuerdos,
Pero no quiero mirarlas y ver simples marcas.
Puedo dejar de imaginarte por las noches,
Pero hace tiempo que no quiero dormir sola.
Puedo engañarme,
Y sentir tus manos en las de cualquiera,
Pero no se miente,
Y tampoco quiero.
Puedo vivir a la deriva de tu sombra,
Pero no quiero volverme conformista.
Puedo, y quizá debería, olvidarte,
Pero es que no quiero.

lunes, 31 de agosto de 2015

Fuera de mí

He abierto las ventanas, 
En busca de una brisa pasajera,
Y en su lugar
Me ha sorprendido una tempestad 
A la que llaman realidad.
Se ha sentado en mi sofá
Y parece tener ganas de hablar.
Me dice que el dolor 
Siempre es mayor
Cuando no tenemos a quien culpar.
Yo la miro de frente;
Ahora está dentro de mí,
Y me hace cosquillas en las heridas.
Exhalo un suspiro contenido,
Y ella sonríe.
Con la mirada de quien sabe que no se equivoca.
Está jugando conmigo;
Quiere empezar un duelo
Con los ojos como arma.
Yo cierro sus puertas,
Que son mis ventanas,
Y por un momento,
Me parece buena idea.
El miedo es la contraseña
Que desbloquea a mi alter ego.
Ese que se enfrenta a mis infiernos,
Que levanta la cabeza,
Que acaba con quien tenga que acabar.
El que saca los dientes
Para evitar que nadie 
Me vea vulnerable, franqueable o delicada.
En este momento,
Mi miedo está sentado a mi lado,
Inmóvil, nocivo.
Cada vez queda menos de mí,
Y a punto de ensuciarme las manos con su sangre,
Oigo un susurro
Que también me habla del dolor.
Pero esta vez me aconseja
Que vivir a ciegas,
Solo acabará conmigo.
Y que esa tempestad, 
Como un Fénix,
Despertará para atormentar a otra fausta.

Bajo la guardia.
Traigo dos copas 
Llenas de un vino que llora.
En el chinchín de mis negocios
Con la más cruda de todas,
Se funde en negro mi sonrisa.

viernes, 21 de agosto de 2015

Porqués

A mí, como al resto de seres humanos con los que comparto la edad, me gustan muchas cosas. Sin embargo, hay una que además me iluminó el corazón desde que empecé a tener uso de razón: el arte. En especial el arte dramático. Si me preguntarais por qué, os diría que no lo sé. Lo que sé es que es lo único que mantengo firmemente desde niña; cada pelea con un familiar, era un drama. Para mí, mi vida siempre ha sido una película constante. Hasta el punto de que cuando mis padres me castigaban sin salir de mi habitación, yo escribía cartas diciéndoles que me iba a suicidar -evidentemente, ni yo pensaba suicidarme, ni mis padres se lo creían. Aún recuerdo una de esas veces, que cogí una pequeña maleta que tenía, la llené con mis prendas de ropa favoritas, salté por la ventana de mi habitación (que es la ventana de una casa de campo) y me bajé al descampado, advirtiendo en una carta, que había decidido irme de casa. Y bueno, sin ir más lejos, este último curso (segundo de Bachillerato), ha sido un año que me ha llenado la espalda de contracturas con tantos trabajos que nos han mandado. Aunque eran esos mismos trabajos, los que me servían de excusa para ponerme delante de la cámara del ordenador y perder el tiempo que debía gastar en escribir mil palabras sobre lo que me pidieran, en grabar un monólogo improvisado hablando -y mayoritariamente interpretando- sobre las pocas ganas que tenía de hacerlo. Por las mañanas, cuando mi hermana y mi madre bajaban al centro a hacer cosas, yo prefería quedarme en casa a limpiar, porque montaba mis propios musicales mientras iba ordenando las cosas. Y no sé por qué lo narro en pasado, si esto sigue pasando a día de hoy. No son exactamente razones, pero es una ínfima parte de mi vida que ha logrado convencerme de que es el arte dramático lo que me llena, lo que quiero y mi camino hacia la felicidad, porque es la forma más natural que tengo de expresarme.

martes, 11 de agosto de 2015

Oda a la duda

Qué pasaría si acabara de descubrir que estos suspiros,
Estos pellizcos de mi corazón, 
Y este sin ti tan amargo
Son porque cerré la herida contigo dentro.

Qué pasaría si todavía te imaginara
Con tus rarezas,
Tus complejos,
Tus temores,
Danzando al son de un blues por la habitación.

Y si cada día necesitara una dosis
De eso que llaman amor,
Y que a nosotros tanto nos hirió.
O que el bálsamo de tu esencia
Sanara mis dolores.

Qué pasaría si por las noches 
Deseara tenerte como almohada.
O que las ganas
Interrumpieran nuestros sueños 
Para fundirnos en la pasión silenciosa,
Tenue y tranquila que desprende la Luna, 
E ilumina de la forma más propicia nuestros cuerpos.

Qué pasaría si quisiera admitir
Que eché de más 
Lo que hoy echo de menos.

miércoles, 22 de julio de 2015

Hace tiempo

Hace tiempo que mis versos no esconden tu nombre,
Que mis dedos no te quieren tocar,
Que mis labios no quieren besarte
Por miedo a que pienses que quieren morderte.
Hace tiempo que te veo
con el reflejo oscuro de tu alma en tus ojos,
en tus labios una mueca,
que con magia se vuelve sonrisa.
En tu cielo una nube gris que no cesa en empaparte,
y te mantiene la mirada cerrada en los mismos pensamientos.
Hace tiempo que te leo y te siento,
y lo siento.
Hace tiempo que vuelvo a los días de ilusión y ganas, 
y de "a ver si me ganas",
y de mirar a la vida temblar,
o mirarte a ti y temblar.
Hace tiempo que me frustra el recuerdo
de aquel mensaje que quería dejarte claro.
El mismo que tú preferías no captar,
y que te llevó a esclavizarte por una musa.
Hace tiempo que mi lucha
es con las cuerdas que nos pusiste,
que te cegaban,
que me alejaban.
Hace tiempo que nos rompimos,
que nos corrompimos.
Y no, no fue leve,
Fue tan brusco como ser consciente.

jueves, 4 de junio de 2015

Serendipia

Mi macuto en la espalda,
una infinita cuesta de soledad ante mis ojos,
la voluntad de llegar al final del trayecto,
la esperanza de no encontrar una bifurcación que me haga retroceder a la duda,
otra vez.

La aurora asoma la cabeza por su cuna,
despertando a una ciudad entera,
sin temor a que nadie le eclipse,
osada y omnipresente,
pero siempre consciente 
de que la sangrienta luna 
llegará para destronarle.

Busco mi Faro de Alejandría
y no lo encuentro,
todavía.
El horizonte parece corear mi nombre,
y yo sigo el hilo conductor de la melodía.
Camino, sin un rumbo definido,
bucanera en el mar del fatalismo.
Recibiendo con los brazos abiertos
todo aquello que venga de paso,
o para quedarse,
o para sacarme del naufragio.
Respiro el humo de la misma ciudad 
que aún lucha por despegar sus párpados
con la luz del nuevo amanecer,
que regala un saco de oportunidades, 
para quien las quiera.

Ya llega el ocaso ardiente de Machado,
a anunciar que el tiempo se acaba
y que viene la frialdad acogedora de la Luna.
La tenuidad viste las calles,
con las farolas de complemento.
El color malva se ha quemado con el Sol,
y ahora luce un tono más oscuro
y más lúgubre.
Ríe por nada un plato colgado del cielo 
que me mira fijamente,
como queriendo convencerme 
de que ha vuelto a ganar una batalla,
y luce orgullosa su ejército de estrellas 
que parecen guiñarte el ojo.

En mis intentos por corresponderles,
se apagan los focos de mi serenidad,
y caigo rendida 
ante los pies de esa Armada Invencible.

martes, 24 de marzo de 2015

Balabras

La furia y la rabia se apoderan de ti. Apuntas y disparas tus palabras a modo de balas con un calibre asesino. Y das en el blanco. Tu orgullo comienza a disiparse al oír el primer sollozo y poco a poco vas bajando el arma que es tu lengua viperina, pero tu desconfianza sostiene el chaleco antibalas que parece ser de acero y es de plástico frágil como tu víctima. 
Intentas arreglarlo sin saber cuánto han traspasado los proyectiles, sin pensar que, aunque saques la munición de su cuerpo, siempre quedarán restos de pólvora que recordarán aquél momento.
Limpias tu armamento y con él rozas el cuerpo y alma de tu mártir que ahora yace sobre la cama ahogándose en suspiros, quebrantando tu interior y despertando tu culpabilidad. Pero te empeñas en advertirle que ya conoces los lugares de su figura donde tus balas perforan más dañina y lentamente, convencido de que has logrado hacerle creer que eres insensible, ignorando que para ello, primero tienes que creértelo tú.

martes, 17 de febrero de 2015

In crescendo

Estaba condenado al garrote vil desde que te conocí. 
Mi muerte fue un suicidio al que no me opuse, ni me resistí.

Yo quise seguir sintiendo escalofríos
que nada tenían que ver con la temperatura
Cada vez que te notaba lejos.

Yo elegí morirme de celos cuando el sol no dejó de rozar tu piel aquel verano,
Y de orgullo cuando tú le dejabas libre albedrío para cambiar tu color de piel.

Yo opté por ansiar tus palabras un ratito cada día,
Soportando la amargura de no ver pasar el tiempo, 
Cuya espera desespera.

Yo decidí observar tu persiana oxidada por la esperanza de verte bailar,
Cegándome ante la realidad de que estaba rota.

Yo sentencié vivir bajo la tormenta de nuestro imposible, 
Por el que solo luchaba yo.
A veces contra mí,
Otras veces contra el eco resonante de un adiós que negué oír.

Dilucidé entre vivir o morir,
Y hoy me enfrento a las tinieblas de la parca, 
Y a la luz de su guadaña.

Y esta cosecha la fui sembrando yo al seguir tus pasos,
Al dejarme conducir por el hilo de tu aroma,
Por tu piel diáfana...

Ha venido a buscarme la oportunidad,
Que es el olvido,
Y no sé si coger su mano o volver a pisar tus huellas.

Mi último suspiro acepta la ruina de la rutina,
Y suena en mi cabeza el estruendo de una melodía del Romanticismo in crescendo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Armas letales

El humo de un café que hierve en una taza de cerámica, baila y juega con el del cigarro que has dejado consumirse solo en un cenicero que está tan quemado como tu alma, con un dibujo en el fondo que se esconde tras unas cenizas que le ganan la batalla a los litros de lejía y siguen luchando por permanecer ahi; nublando el dibujo, recordándote lo nublada que está tu particular montaña rusa llamada "Vida".
Levantas la mirada, y también ese arma paulatinamente letal del cenicero. Lo pones entre tus labios y suspiras, inhalando el mismo humo que antes se divertía con el del café. En cuestión de segundos sientes el cosquilleo por la garganta, luego la sensación de que estás viajando en el tiempo, y cuando crees que es hora de volver para enfrentarte a la cruda realidad, exhalas de tu cuerpo ese billete de ida y, casi con violencia, lo aplastas contra ese cenicero que, aun siendo inerte, parece estar más vivo que tú. 
Coges tu maletín y te diriges a pasar las horas frente a un ordenador en esa oficina oscura, lúgubre y contagiada con el virus de tu negligencia en la que no dejas entrar a nadie, y donde haces ese tipo de cosas que lo único que te llenan son los bolsillos a fin de mes.

lunes, 12 de mayo de 2014

Rutina

Abres los ojos porque hasta el sueño te ha abandonado y la inercia te lleva a estirar el brazo buscando a alguien que llene el hueco de su ausencia en el lado izquierdo de la cama, sin éxito; como cada mañana. Exhalas el aire que mantenía tu esperanza, a modo de suspiro. La culpabilidad y la nostalgia se convierten en plomo sobre tus párpados y tus ojos se vuelven a cerrar. 
La rutina te obliga a levantarte y ponerte la camisa azul y los pantalones chinos. Un poco de agua que ordene la guerra civil de tu cabello y un café que deja su marca en un periódico del día anterior al levantar la taza.
Si solo fuera el café lo que deja marca... ¿Verdad?
Bajas por el ascensor y se para en el piso de abajo, a petición de la hija de tus vecinos que sube preparada para ir al instituto, buscas un poco de simpatía, le sonríes y te quedas observando su reflejo adolescente en el espejo, que te traslada al primer día que te fugaste, que la conociste, que te conociste, que perdiste la cabeza. Lo primero que te impactó fue cómo la sentías con tus dedos al tocarla. Se fue antes si quiera de que pudieras verla, y con solo un día te sentiste enganchado a ella, a su olor que nadie percibía, a su sabor, al efecto que tenía en ti...

-"¿Qué miras?"

Vuelves al mundo real y pasas a mirarte a ti, que ahora vistes de traje para poder pagar el alquiler de ese piso en el que tantas veces la habías visto bailar.

martes, 29 de abril de 2014

Marcas

Las cicatrices no sanan, tampoco queda maquillaje en el bote para disimular los golpes, ni dinero en tu bolsillo para renovarlo, ni paciencia en tu ser para seguir soportándolo, ni vida en tu rostro para ocultarlo.
Preparas la comida con ese ingrediente secreto llamado amor y se oye la cerradura de la puerta girar dos veces, el tintineo inconfundible de unas llaves que previamente han rozado tu cara.
Tu ceño se frunce, tu corazón se acelera y revisas rápidamente que no hayas cometido ningún error, motivo del enfado de esa bestia cuyas garras te han marcado tantas veces. A tu parecer todo está bien, confías en que hoy sea un día tranquilo, a pesar de que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que el sosiego reinó en ese castillo en el que la falta de valor te mantiene encerrada.

Ya se acerca a la cocina y a medida que avanza tu nerviosismo aumenta. Estúpida, ¿no vas a aprender nunca? ¿Cómo has podido olvidarte de ir a recibir a tu marido? Te sientes inútil, compungida por no haber recordado aquella vez en la que olvidarte de eso supuso la bregadura que hay en el sur de tu espalda. Pero esta vez te va a costar más caro que una simple señal. Más vale que hayas apagado el fuego que cuece el bróculi que humea desde la olla, porque bastante tienes con el que ha empezado en casa. Tus gritos pidiendo auxilio son en vano, tu rostro se va consumiendo entre las llamas de la habitación y el terror se refleja en las ventanas de esa prisión infernal que un día fue tu hogar. La bestia ya se ha ido y a ti te invade la paz. Toda tu pena se convierte en ceniza junto con las paredes que tanto han visto.
Y en tu último aliento, te das las gracias por haberte olvidado de recibir a los ojos de la ira y por haber terminado con el sufrimiento que se volvió rutina hace algún tiempo...

viernes, 11 de abril de 2014

Tiempo

Como un niño cuando descubre el poder que tiene un llanto, el tiempo se va volviendo caprichoso. La diferencia es que al tiempo no hay quien le enseñe.
Cuanto más deseas que acelere en su camino, más lentos pasan los segundos, y viceversa.
Así es él; siempre hace lo que quiere, pero nunca lo que quieres.
Un día te miras al espejo sin conocer todavía la palabra reflejo y, al día siguiente, cuando estás cansado de oírla y hasta de verla, te han salido tantas arrugas que casi no logras reconocerte, y entonces tratas de pedirle al tiempo que retroceda echándote ingentes cantidades de cremas de todas las marcas. Lo que no te paras a pensar o de lo que no quieres convencerte es de que no vas a conseguir volver a aquel momento en el que no podías parar y tu risa estaba acompañada de esas humildes patas de gallo en las comisuras de tus ojos. Ni a aquel otro en el que te enfadaste tanto que tu enfado se veía evidente en las arrugas de tu frente. Y mucho menos a ese día en el que te dieron tal disgusto que tu boca no era capaz de ahogar los sollozos, pero tú no cesabas en intentar cerrarla, aunque fue en vano, y hoy maldices no haber podido conseguirlo. 
Cuando te paras a pensar en todo el tiempo que has perdido hasta el día de hoy solo te enfrentas a dos opciones; una de ellas es mantenerte cabizbajo y arrepentido, la otra es seguir aprovechando todo lo que te depare el tiempo. Lo que has de tener claro es que el tiempo sigue, sin compasión, y ninguno de los momentos que te brinde volverán a repetirse. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Soy

Soy la canción desesperada de Neruda. Soy un poema revolucionario intentando sonar como uno de amor. Soy Dafne huyendo de Apolo. Soy un mar enfurecido que indica alerta roja. Soy el pulgar de un fumador, desgastado de tanto rozar la piedra del mechero. Soy los ojos de una mujer maltratada, hinchados de tanto llorar. Soy el bombín de Sabina, que tantas veces le ha salvado sus pocas ganas de peinarse. Soy la cremallera del pantalón de traje de un ejecutivo importante, que tantas mujeres distintas han bajado. Soy la suela de los zapatos favoritos de un niño. Soy, del verbo ojalá. 
Ya van a marcar las 7 en mi despertador mental y a punto están de llegar los basureros de Madrid, a barrerme los pies como si fuera una hoja que, con la llegada del otoño, se ha cansado de estar siempre pegada al mismo árbol; a llamarme "Señor", como si aún tuviera el aspecto de una persona; a decirme -aunque ya lo sé- que aquí no puedo dormir, como si hubiera querido yo elegir este rincón de la calle para vivir, como si me gustara el frío de la intemperie. Soy la desolación de quien se ve obligado a cederle su casa al banco. Soy aquel que se vio obligado a cederle su casa al banco.

miércoles, 8 de enero de 2014

Mi corazón

A mi corazón se le ha agotado el tiempo de espera. Se ha cansado de tener que  andar evitando las dos palabras mágicas pero prohibidas. Se ha cansado de taparse la boca cada vez que le entran ganas de gritarlas a los cuatro vientos. Se ha cansado de tener miedo a espantarte por decir algo inesperado o para lo que no te sintieras preparado. Se ha cansado de tener que atar y controlar a Diástole y Sístole cada vez que te acercas por si acaso te asustas al oírles y les hieres como ya lo habían hecho antes. Se ha cansado de tener que latir solo una vez por segundo al verte sonreír. Se ha cansado de que le ordene que se relaje antes de besarte. Se ha cansado de morirse de ganas por besarte él. Se ha cansado de tener que conformarse con sentirte. Se ha cansado de estar frustrado constantemente porque soy yo quien puede verte, y no él. Se ha cansado de tener que imaginarte por fuera, además de por dentro. Se ha cansado de no poder pedirte que duermas con el, que le arropes en invierno, que le cantes canciones como a mí, que le estrujes los mofletes como a mí y que le cuentes todo lo que sabes como a mí. Se ha cansado y se ha ido. A otro cuerpo, supongo. Y no puedo enfadarme con él porque le entiendo. Porque yo me habría cansado en el momento de no poder besarte...

viernes, 15 de noviembre de 2013

Las ganas

Quiero satisfacer esos antojos de ti que me entran a veces y que, además de inesperados, son incontrolables. Y quiero que me desees, y cumplir tus deseos. Quiero una relación de apetito, que consiste en vernos y amarnos solo cuando nos apetezca, y no de complicarnos, ni poseernos, ni comprometernos... Quiero libertad, y también libertad de expresión para poder decirte que no cuando tú digas que sí. Quiero que te vayas y que vuelvas de forma tan irregular como mis ganas de querer hacer tantas cosas contigo. Quiero que de vez en cuando se te olvide, igual que a mí, esa tercera persona por la que intentas reemplazarme. Y que en ese momento marques mi número. Quiero que no te preocupes por mí, solo por complacerme. Si supieras las ganas que te tengo, volverías y te arrepentirías de haber desaparecido poniendo como excusa la súbita intromisión de esa tercera persona por la que ahora trasnochas. Te aseguro que las ganas se pueden ir y pueden volver. De hecho ya no me apeteces. No me apeteces nada. Se me han quitado los quereres, los caprichos, los antojos, las ganas que tú describías como irrecuperables.