miércoles, 16 de octubre de 2013
Relojes
martes, 13 de agosto de 2013
Adiós por segunda vez
lunes, 5 de agosto de 2013
Adiós
lunes, 22 de octubre de 2012
Viaje a la Alcarria, digo... a Ponferrada.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Se apagan las farolas
Al principio podía percibir un olor a jazmín, un penetrante olor a jazmín. Luego, mi olfato se concentraba un poco más y se podía distinguir el olor a rosas mojadas. Me senté en una piedra húmeda, pero grande y acogedora, a esperar. Un tiempo después, cansadas mis piernas de estar sentadas sin hacer nada cual objeto inerte, me convencieron y me hicieron dar un bote y empezar a andar. Comencé a escuchar golpecitos en el suelo, pero eran leves, a penas se podía decir de dónde venían. Más tarde empezó a aumentar el sonido, y con éste los aromas de las plantas de mi jardín. Salía de mi casa y sobre mi pelo surgió un líquido inodoro que resbalaba por mis cabellos finos, y que comenzó a mojar también mi camiseta. Fue quien me obligó a meterme bajo un puente, porque resultaba irritante sentirlo constantemente. Cuando por fin dejé de escuchar los ruidos en el suelo, y en las hojas de los árboles, me decidí a salir y a encontrar un nuevo lugar donde sentarme, que no fuese mi casa. Un fuerte olor a tierra empapada permaneció dentro de mi nariz. Seguía caminando tranquilamente por las silenciosas y olorosas calles de Madrid cuando súbitamente mi pie fue a parar a un charco, que dejó un olor a bacteria en mis botas nuevas. Estúpidos días de lluvia, siempre vienen cuando no deberían.
Después de haber maldicho una y otra vez a la lluvia, pude sentir cómo una sonrisa se dibujó en mi cara después de haber olido el aroma del sol. Ansiaba tanto su salida… Qué sonido tan agradable el de la risa de mi querido sol, y qué pena que tuviese que llegar la luna a fastidiarlo todo, con sus noches oscuras y sin emoción. Nunca traía nada nuevo, rara vez se presentaba con alguna estrella de más, pero siempre tenían todas la misma aburrida función. Se posaba ahí para que los locos enamorados pudiesen verla y mentir sobre lo bonita que estaba la luna desde sus grandes balcones. ¡Pero qué diversión podía tener un óvalo grisáceo y blanquecino en el que ni siquiera se distinguía un tímido rostro de mirada profunda, sino diversas manchas que no transmitían ningún sentimiento que no fuera distinto al del asco y la tristeza! Ya estaba llegando a mi casa y, aunque todavía quedaba un trocito de sol reluciendo tan bello como siempre, seguía aquel olor a hierba calada que tanto deseaba que desapareciera. Por más que se lo pedía, no me hacía caso, no quería escuchar mis aullidos de lobo desesperado por encontrar comida.
jueves, 2 de junio de 2011
Mi querido Bibo
Recuerdo una vez, cuando yo tenía por los tres años, que conocí a Babi, qué preciosas eran las líneas marrón tierra que cubrían su caparazón de color grisáceo! Y sus pequeños ojos, aquellos que me miraban y me hacían ponerme en bola cada vez que lo hacían, quizá de la vergüenza. No duró mucho nuestra pequeña historia de amor, solo seis días, los suficientes para demostrarle lo mucho que le quería yo, y viceversa. Hoy todavía vivo con la esperanza de encontrarme con ella algún día, o con mi madre. De mi padre nunca supe nada. He oído hablar de un hombre fuerte que llevaba mi apellido, y que luchó cuanto pudo por salvar a los bichobolas. Quizá era él, pero no lo sabía con certeza.
Mi vida es difícil, noto cómo cada día me va afectando más. Noto como la vejez va corriendo por mis huesos, noto como poco a poco los niños me van tocando cada vez menos. Y ya no sé si eso me alegra o no... Ya me he acostumbrado a estar solo, pero aún así, mi vida sigue siendo difícil. Quizá una tarántula, a lo mejor un pájaro, puede que un niño sin querer, me coman, o tal vez desaparezca de un brusco un pisotón. Ya no me importa nada, solo seguir con ese hobby que tengo desde muy pequeño, que es leer hasta el fin de mis días.